Es en realidad una reflexión sobre la importancia de tener y poner en práctica un código de ética en el trabajo actoral. Un tema que tengo constantemente en mente.
A estas reflexiones le sumo una traducción que hice del código de ética desarrollado en 1945 por Kathleen Freeman.
________________________________________________________________________
Memoria y presencia física en un ensayo o
función es una parte mínima (célula básica).
- ¿Qué pasa cuando un actor está más
comprometido con su celular que con el trabajo que está ocurriendo en el salón
de ensayos? Acaso, solo porque "no te toca actuar", tienes una
licencia tácita para enajenarte y dejar en el espacio solo un cuerpo vacío al
que poco le importa el acto creativo que está sucediendo frente a ti, y que de
una u otra manera también depende de ti y de tu energía creativa.
- Aceptar un compromiso laboral, teniendo ya
uno en puerta (fechas comprometidas). Es un punto cuestionable, más en un medio
que posee una industria un tanto inestable; pero así como es importante saber
negociar, es también muy importante el asumir los compromisos que se adquieren
y las consecuencias que traen consigo.
El nivel de entrega a una puesta no puede ni debe ser directamente
proporcional al pago que obtengas por ello.
- El contar la historia, transmitir el mensaje
o materializar la visión del director (dependiendo de la visión que se tenga),
siempre tendría que estar por encima del lucimiento personal. El ser actor te
exige reconocer que tu ejercicio de creación se consolida al asumirse no solo
como creador, sino como una herramienta de creación. En más de un sentido, para
actuar hay que saber servir.
- Reconocer con honestidad y humildad los
límites que poseemos. Esos puntos débiles (o áreas de oportunidad, como se
deseen nombrar) pueden ser equilibradas a través del entrenamiento. La
preparación continua necesita ser una prerrogativa profesional. Será imposible
descubrir cuanto más se puede lograr, si se desconoce que hay mucho más de lo
que nos permitimos ver o conocer.
Toda profesión tiene un código de ética, y esta
no es la excepción. En 1945 en EU, la actriz Kathleen Freeman estableció uno
para los actores que trabajaban con ella en el Circle Theater en Los Angeles.
Ese código decía lo siguiente:
1. Nunca perderé una función.
2. Actuare en cada función con energía,
entusiasmo y lo mejor de mis habilidades, sin importar el tamaño de la
audiencia, enfermedades personales, mal clima, accidentes o incluso muertes
familiares.
3. Dejaré pasar toda actividad social que
interfiera con ensayos u otra actividad relacionada a mi trabajo en el teatro y
siempre seré puntual.
4. Nunca atrasaré la función por no estar a
listo a tiempo.
5. Nunca perderé mis entradas.
6. Nunca dejaré el teatro o el escenario hasta
que termine la función, a menos que el stage manager lo solicite
específicamente; las llamadas son también una parte de la función.
7. No dejaré que los comentarios de amigos,
parientes o críticos cambie ninguna fase de mi trabajo sin consultarlo
apropiadamente; no haré cambios en mis líneas, trabajo, luces, utilería, o
vestuario, o cualquier otra parte de la producción sin consultarlo y tener
permiso del director, o el productor o sus agentes, e informaré a toda la gente
a la que le concierne.
8. Dejaré ir las gratificaciones a mi ego por
las necesidades de la obra.
9. Recordaré que mi trabajo es crear una
ilusión; por ello, no romper esa ilusión saliendo del teatro con el vestuario o
maquillaje.
10. Aceptaré los consejos y avisos de mis
productores y directores tal cual sean, pues ellos pueden ver la producción
como un todo y mi trabajo desde el frente.
11. No haré aspavientos mientras observe el
trabajo de otros artistas mientras soy parte de una audiencia, tampoco haré
críticas que provengan de los celos o de las ganas de hacerse interesante.
12. Respetaré la obra y el texto, recordando
que “una obra de arte no es una obra hasta que esté terminada”, no condenaré
una obra mientras esté en ensayo.
13. No esparciré chismes ni rumores mal
intencionados para desacreditar la obra, el teatro o el personal conectado a
él, ni con gente de la compañía, ni fuera de ella.
14. Siendo que respeto el teatro en el cual
trabajo, haré todo lo que esté en mis manos para mantenerlo limpio, ordenado y
atractivo, aun cuando esa tarea no me haya sido asignada específicamente.
15. Manejaré toda la escenografía, utilería y
vestuario con cuidado, a sabiendas que es parte de mis herramientas de trabajo
y una propiedad física fundamental de la producción.
16. Seguiré las reglas de cortesía, comportamiento
y decencia aplicables en cada aspecto de vida dentro del teatro. (En especial
cuando esté en contacto cercano con el público), cumpliré con las reglas que
tenga cada teatro en el cual trabaje.
17. Nunca perderé mi entusiasmo hacia el teatro
por culpa de desilusiones.
A estos puntos se podrían añadir otros y
analizar los existentes, pero me parece que son muy concretos y en su “dureza”
guardan también mucha verdad. Si cada uno aplicáramos en verdad un código (sea
uno tácito, establecido por el oficio, o uno desarrollado personalmente) que
nos sirva como brújula de acción, en el momento en que desarrollemos y
ejecutemos nuestro trabajo, el resultado no será solo una obra bien hecha; será
una verdadera obra de arte.